
Agosto trae a la región un movimiento que muchos negocios del Oriente Antioqueño sienten sin planearlo: la Feria de las Flores en Medellín atrae visitantes hacia todo el departamento, agosto 7 es fecha de descanso nacional, y el regreso a clases en septiembre reactiva el consumo en zonas comerciales de Rionegro, La Ceja y Marinilla. Quien espera a que la temporada llegue para reaccionar, casi siempre llega tarde.
Lo primero que hay que revisar es el inventario. No se trata de comprar más por comprar, sino de mirar qué se vendió mejor en la misma temporada del año anterior, si la tuvo, o en fechas comparables, y proyectar a partir de ahí, dejando un margen para no quedarse corto en los productos de mayor rotación ni sobrado en los de rotación lenta.
Lo segundo es el personal. Si su negocio necesita refuerzo temporal para atender el pico de clientes, ese proceso de selección y contratación debe empezar semanas antes, no la víspera; contratar apurado casi siempre sale más caro, ya sea en errores de servicio o en rotación inmediata del personal nuevo.
Lo tercero es el flujo de caja de temporada: comprar más inventario o pagar personal adicional implica una salida de efectivo antes de que entre la venta correspondiente. Proyectar ese desfase con dos o tres semanas de anticipación evita el susto de quedarse sin liquidez justo cuando más se necesita para sostener la operación.
Y lo cuarto, casi siempre lo más descuidado, es la experiencia del cliente en el momento de mayor exigencia: un negocio que atiende bien quince clientes al día muchas veces se desordena cuando llegan cuarenta. Prepararse para la temporada alta no es solamente vender más, es sostener la calidad de servicio que hizo que esos clientes quisieran volver.

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Salimos de esa conversación con tres cosas claras: dónde está su empresa, qué la está frenando y cuál es el primer paso concreto.




