Enero siempre llegaba con esa lista de obligaciones tributarias que ningún empresario quería ver, pero que tocaba cumplir si no querían meterte en problemas con la DIAN. Para los pequeños negocios, estar al día con los impuestos era tan importante como vender.
Lo primero que tenían que revisar era el calendario tributario. La DIAN publicaba cada año las fechas según el último dígito del NIT de su empresa, y confundir esas fechas le podía costar multas bien pesadas. Enero era el mes donde empezaban a vencer varias declaraciones importantes.
Si su negocio era responsable de IVA, tocaba presentar la declaración bimestral. Muchos emprendedores se liaban con esto porque pensaban que era cada mes, pero no, era cada dos meses. Eso sí, tenían que tener muy claros los documentos de soporte: todas las facturas de venta y las de compra bien organizadas.
También estaba el tema de retención en la fuente. Si su empresa hacía pagos a proveedores o contratistas, tenían que haber retenido un porcentaje y ahora tocaba declararlo y pagarlo. Esto era algo que muchos olvidaban y después les generaba dolores de cabeza con la DIAN.
Para las empresas más grandes, enero también traía la primera cuota del impuesto de renta del año anterior. Si habían tenido utilidades el año pasado, tocaba empezar a pagar. Y si no habían guardado plata para esto, podían quedar apretado de liquidez.
Los pagos de la seguridad social de los empleados también tenían sus fechas en enero. PILA no perdonaba retrasos, y las multas por no pagar a tiempo la salud y pensión de sus trabajadores eran bastante duras.
Lo mejor que podían hacer era sentarte con su contador en diciembre para planear todo enero. Tener el dinero apartado, los documentos listos y las fechas marcadas en el calendario le ahorraba estrés y plata en sanciones.

